EL
MILAGRO DE DIOS es Ciencia de Dios
aplicada con Sabiduría, siendo para nosotros un tesoro inagotable de
bendición.
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EL
MILAGRO DE DIOS es un tesoro para quien desee encontrarlo y, una Perla de gran
valor para quien desee poseerla (Cfr. Mt 13,44.45).
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Dice
la Sabiduría: “Conmigo están la riqueza y la gloria, la fortuna sólida y la
justicia” (Pr 8,18).
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Está
escrito: “Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con muchas razones”
(Qo 7,29).
Amanece. Estoy
perdido en la montaña y no se hacia donde ir; hay muchos caminos pero uno solo
conduce de vuelta a mi casa. ¿Cuál es?
Me pregunté angustiado.
De pronto, veo una Señora que me sonríe sentada sobre una
piedra a la orilla de un camino. Acercándome a ella, le dije: Estoy perdido en
la montaña, he pasado la noche buscando el camino sin poder hallarlo.
Por favor, indícame
el camino para volver a casa.
¿Qué te trajo a la montaña? - Preguntó ella.
Quería estar solo… -
respondí con vacilación-
No sé lo que quiero, estoy angustiado, gusto de la vida y la
vida me trata bien pero siento miedo de no tener un sentido y razón para
vivirla...
¿Crees en Dios? - me
preguntó-
Sí, aunque ahora tengo dudas.
Siéntate, me dijo. Y escucha con atención lo que voy a
decirte:
Has venido a la montaña por una respuesta y yo te la
daré. Escucha bien y sigue mi consejo.
Cree en Dios…
Confía en Dios, abandónate a él y en recompensa te dará una
fe plena capaz de mover esta montaña.
Muchos creen en Dios, pero pocos le creen a Dios. Tú créele y encontrarás respuesta a tus
preguntas, entonces serás dichoso porque te irá bien. Cree, aún cuando digas: que desdichado soy.
Dime: ¿qué quieres en la vida?
No sé, quiero ¿una casa?... ¿dinero?... ¿estudiar?... ¿una
familia?... ¿posición?... ¿felicidad?... ¿salud?... ¡Qué se yo!
Primero define qué quieres; cuál es tu propósito y a dónde
quieres llegar.
SOLO EXISTEN CUATRO COSAS DESEADAS POR EL CORAZÓN DEL SER
HUMANO: RIQUEZA Y GLORIA; FORTUNA SÓLIDA Y JUSTICIA.
Esta es la Bendición de la vida, piensa en ellas en todo
momento, estando acostado como levantado, siéntelas como parte y posesión de tu
ser hasta ser uno con ellas.
Echa lejos de ti la tristeza que no hay en ella utilidad y
abraza con fuerza, sin distracción, el pensamiento de bendición porque es una
certeza que Dios está contigo.
La Riqueza es la vida humana plenamente realizada, el goce y
la vida de familia, el encuentro de amigos, la vida del alma, el
bienestar y la salud.
La Gloria es el reconocimiento de Dios, de los ángeles y los
hombres por la ciencia, inteligencia, prudencia y sabiduría, una corona que no
se marchita si viene de Dios. Deséala y
recíbela con sencillez porque delante de la gloria camina la humildad.
La Fortuna sólida es abundancia; es fortuna y es sólida
porque Dios la da, él es dueño del oro y la plata. Aleja de ti pensamientos de pobreza,
suficiencia, escases y negligencia. No
temas ni dudes en tu determinación de abrazar la abundancia y la vida. Ten fe en Dios y espera, que ya ha enviado delante
de ti a su ángel a preparar el camino.
Recibe abundancia y regocíjate en ella, nunca la codicies,
ayuda a tu hermano y amigo a encontrarla para que jamás la fortuna sólida se aparte de tu lado.
La Justicia es el conocimiento de la Sabiduría. Comprende el camino de Dios, cuál la voluntad
y el beneplácito de su corazón, entonces serás su hijo predilecto en quien
tiene sus complacencias y te revelará secretos y pensamientos que te guiarán a
la verdad plena. Serás dichoso, el más dichoso.
Escucha. Hasta que
tengas confianza en tu alma alcanzarás sabiduría y bendición. Cree que es posible, en el nombre de Dios, y
nada te será negado.
Ahora dirige tu pensamiento a Dios con el propósito del
corazón y ORA en espíritu y en verdad.
Glorifica su Nombre rindiendo culto al Santo y pídele lo que quieres, susúrralo a su oído,
díselo con palabras, aleja la falsa modestia y los pensamientos tortuosos.
¿Una casa, por ejemplo?
¡Pide a Dios Riqueza y Gloria; Fortuna
sólida y Justicia! Dinero, casa, comida y vestido vienen por añadidura.
Pide abundancia no escases, vida no
enfermedad, paz no sacrificio, lo bueno no iniquidad. Pídelo en todo tiempo sin
desfallecer.
Una vez más: pide Riqueza y Gloria;
Fortuna sólida y Justicia.
Siente en el corazón aquello que pediste en la oración y por
fe se te dará.
Contempla la bendición y llévala en tu pensamiento a donde
vayas; vuelve a contemplarla siempre que
puedas.
Persevera en la oración porque Dios dispone su creación,
envía ángeles, personas y circunstancias para que recibas lo que has pedido y
creído con fe.
Luego, da gracias a Dios porque en fe
ya recibiste la bendición y cuando se manifieste vuelve y da gracias. Esto es
seguro, la gratitud es el principio, causa y término de todo lo bueno, así que
da gracias en todo momento y ningún mal te alcanzará.
Cuando realizas tu acción de gracias, el ángel de Dios se
pone en movimiento para concederte la bendición, levántate, actúa con
diligencia para recibirla. Haz lo que tienes que hacer buscando la excelencia y
la perfección de Dios.
En el trabajo se manifiesta la bendición, por tanto,
fortalece la voluntad para mantener firme el deseo de tu corazón ya que no
sabes cómo va a actuar Dios; no permitas que ningún pensamiento ajeno a la
Sabiduría se interponga entre la fe y la diligencia.
Persevera hasta que se manifieste el Milagro de Dios;
conocerás que la bendición está con la Sabiduría y que de ella proviene; aprenderás que desde el principio es la
Sabiduría la que te guía por caminos de dulzura y sendas de bienestar. Tendrás largos días a su derecha y a su
izquierda riqueza y gloria.
Cuando comprendas quién trae la bendición la pedirás sin
descanso, madrugarás a buscarla y la encontrarás sentada, esperando, en la
entrada de tu puerta; te reunirás para
hablar de Dios, leer y escuchar su Palabra adquiriendo ciencia e inteligencia.
Sé diligente en hacer lo que te he dicho sin desviarte a
derecha o izquierda y te sentarás en la asamblea de los sabios.
Ahora vuelve. Ya has
estado mucho tiempo en la montaña, desciende, y conquista la vida.
Entonces, me levanté y, sorprendido, vi el camino para salir
de la montaña.
¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? -Gritó ella-
Cree en ti, confía en Dios y nada será casualidad.
Quedé atónito al oírle decir lo que pensaba…
¿Cuál es tu nombre? - Le pregunté.
“En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: Yo te
bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas
a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal
ha sido tu beneplácito” (Mt. 11,25-26).
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